Torturada. II

11 marzo 11

Estoy agazapada contra la pared. Hace rato que he empezado a tiritar, y noto cómo se me van hinchando las manos por culpa de las bridas. La sangre seca me tira la piel de la cara, y el reseco de la boca es insoportable. Llevo aquí unas tres horas, y nadie ha venido todavía. No dejo de pensar, y pensar, y pensar. Es la primera vez que me cogen. Seguramente lleven tiempo siguiendo mis movimientos, me da miedo pensar que lo saben todo de mí. Pero ya sabíamos a lo que veníamos.

Desde que la gente explotó ha habido desapariciones, y nadie ha vuelto para contarnos qué ocurre. Llevamos seis meses de huelga en huelga, los golpistas no dan margen de maniobra. Las calles están militarizadas, más aún teniendo a las afueras la armería general. Es un infierno salir a la calle, sabiendo que a la vuelta de cada esquina eres un blanco fácil. Aún así cada célula del Partido está movilizada, y el trabajo se realiza clandestinamente. Todas las comunicaciones están controladas por el Estado Mayor, las redes de Internet no funcionan, el teléfono está pinchado, en la televisión y la radio se emiten únicamente mensajes de los golpistas amedrentando a la población. Las grandes fábricas reciben diariamente suministros vía militar, los piquetes son disueltos a tiros, la producción no debe detenerse ahora que el estado está en la cuerda floja. Han clausurado la universidad hasta nueva orden, y los colegios e institutos llevan el mismo camino; ya no se respetan ni los hospitales. El toque de queda está a la orden del día, lo mejor es recluirse en casa y no salir. Pronto llegarán las tropas de la OTAN, y con ellas la ‘libertad’, su jodida libertad.

La bombilla tintinea de vez en cuando, sobresaltándome. No puedo evitar pensar lo peor cuando veo la sangre en la silla; es como la marca de un disparo a quemarropa. Si eso es lo único que me espera, bienvenido sea. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… No sé si mido bien los segundos, no sé si ha pasado una hora más o si sólo han sido cinco minutos. Aquí dentro todo es frío y gris. De cuando en cuando se oyen gritos a lo lejos, gritos que desgarran mis tímpanos, que me hacen trizas la cabeza. Son mujeres, también son hombres. Son camaradas. Es inhumano. Y aquí se acercan pasos tras la puerta. Se descorre un cerrojo, espero a que llegue el segundo… La mujer de antes entra en la sala, portando un carrito metálico. La sigo con la mirada, pero ella no me hace ni caso. Está preparando una jeringuilla, cuyo contenido sospecho que en poco rato me dejará tirada por los suelos. Se me acerca al fin, y me mira a los ojos. Cuando se agacha para buscarme la vena en el brazo aprovecho y le lanzo un cabezazo. Le acierto de pleno, y cae hacia atrás soltando un gritito. Me levanto como puedo y echo a correr hacia la puerta, que ha dejado abierta, pero antes de llegar al pasillo un hombre me intercepta. La violencia del choque me noquea, y cuando me doy cuenta estoy atada a una silla.

La mujer me agarra el brazo con una mano que parece una pinza hidráulica, y me clava la aguja sin fijarse en si hay vena donde apunta. Siento como poco a poco voy quedándome como flotando, se me nubla la vista y se me va la cabeza hacia un lado. Alguien me engancha de los pelos y mantiene la cabeza en su sitio. Una luz intensa me hiere las pupilas mientras una mano va palpando cada herida. Me revuelvo en la silla cuando me abren las piernas, pero no ocurre nada. Me alivia comprobar que están desatando la mordaza, y noto que se me ha desencajado la mandíbula. Ni siquiera hago el esfuerzo de recomponerla, supongo que volverá sola a su sitio. Tengo sed. ¿Me escuchan? Creo que sólo hablo en mi mente, mi lengua no sigue el ritmo… Algo roza mis labios, parece una toalla o algo así. Está mojada, me refresca las heridas y los cortes, pero quiero beber agua. Otra vez la luz. Y de repente la aguja vuelve a clavarse, esta vez en el otro brazo. Ahora no entra mierda, sale mi sangre. Están hablando, el hombre y la mujer. Creo entender que me van a dejar allí de nuevo. No me dejéis así cabrones, tengo que estar alerta, ¿cómo coño voy a defenderme así? No podéis… No…

 

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