Frío.

8 febrero 11

Lento, como el violín que llena el aire con un acorde en clave nublada, así suspiro. Rasgando voces que sientes en la boca. Tengo una lengua de humo a mi vera, y cuando cierro los ojos me besa suave, gris, mortal. Como una mariposa mojada, derrotada por la lluvia, así me desplomo. Sangre de hielo colapsa mis dedos. Un peldaño, y dos, tres, cuatro. El sol asoma por un agujero, sonríe burlón y me llama a su lado. Pero el aire se mueve más rápido, entra conmigo y me recorre la espalda con manos heladas. Hombro, nuca, cuello. Frío. La tela no sirve contra este viento, se trata de mantener la compostura. Necesito sentarme, y ver. Miles de leves abrazos acarician cada poro de mi piel, levantando ceniza y papeles quemados. Todas las palabras quebradas que nunca me atreví a decir giran a mi alrededor. El ojo de mi huracán está siempre gravitando en torno a ti. Una especie de niebla baja esconde el camino, la luz tenue que emites no consigue matar fantasmas. Eres un sol lejano y a la vez te siento cerca. No, hace demasiado frío aquí. Mientras tanto el cemento me sostiene.

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