Huye.

6 febrero 11

Grita en silencio para que no se entere nadie, en este enjambre de celdas. De este a oeste el sol nace y muere, sólo ves el ocaso en esa ventana rota que deja pasar todo el frío del invierno en la ciudad. Frío diferente, frío en tu mente. Se rompen los esquemas que tanto habías tardado en construir. ¿Tanto? Eres joven, dejas pasar las horas, las matas de aburrimiento. Maniática. ¿Y qué más da? Da. No permites tantas cosas que acabas asfixiándote en un mar de indiferencia. Todo da igual mientras no te toque. Rutina. Sólo quieres que acabe algo para empezar otro algo. Piensas, escuchas, piensas, te pierdes. No sigues el razonamiento lógico: ¿eres de letras? Doy, regalo, no vendo, mis palabras te las llevas si quieres, nadie te dirá que no. Humo y ambientador, camuflas lo malo para que la gente no vea que eres igual que los demás. Pero lo eres, ya te da igual si es la sociedad, la cultura, la vida, pero eres así. Desvarías a veces, te sumerges con miedo en lo más recóndito de tu mente, para ver hasta dónde eres capaz de llegar. Entonces miras a tu alrededor, quién sabe si todo el mundo puede ver tus pensamientos con la misma facilidad con que se respira. Cierras los ojos, otra calada. No te hace falta destornillador para abrir cabezas, sabes que no eres tan diferente. Tú te das cuenta, los demás no. Quieren ser únicos. Pero los ves desde lejos y te pones las gafas. Ahora todo es tan nítido que asusta. Batería baja: no quieres dejar de escribir.

Soy una cárcel. Como los espejos infinitos, voy cerrando cada celda con llave. De cuando en cuando visito a los presos, ¿por qué están allí? Abro de nuevo y entra el sol, deslumbra, ciega, hiere. Frases cortas, pensamientos tajantes. Intentas ordenar tu cabeza, como si fuese una habitación con estanterías, armarios y cajones. Vas guardando lo que no necesitas, todas esas cosas banales que ves cada día en las pupilas de la gente. Pero no es tan fácil, a veces lo que habías olvidado es el punto clave para seguir existiendo. Aterrador. Parece que estoy triste, si no no estaría escribiendo. Es penoso que necesite amargura para crear. Somos demasiado humanos. A veces me gustaría ser un poco más animal, dejar que los instintos reventasen en las venas, cada latido estallaría como una bomba de relojería. Y no tener que pensar en si esto está socialmente aceptado, en si soy rara por hacer lo que me gusta, en por qué todo es tan jodidamente complicado. ¿Quieres saber? Yo sí, querría saberlo todo y agotar las posibilidades, y probar y asquearme, y dejarme llevar y no regresar. Pero hay cuerdas que atan, y las primeras están en mi mente. Dame una razón para cambiar. Es difícil, es muy poco práctico. Además eres un bicho pequeñito y que no deja de molestar, algún día te pisarán. Lo peor es saber que no sabes nada, que es peligroso querer lo que no quiere nadie.

Matas el tiempo, los relojes gritan y se desnudan las sombras. Estás sola en un enjambre de celdas, y la puerta más grande está cerrada. Escabúllete, escóndete y no reces, porque te oirán.

 

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