Dame de fumar nena…

9 marzo 09

De nuevo soledad te acompañaba en la otra cama de la habitación 202. La luz apagada, desamparada la niña en tu interior.

Niña perversa que prendía la llama, encendía un cigarro y posaba los labios; asomada peligrosamente a la ventana, por el mero placer de congelar el oxígeno; restallaba el humo en cada calada, y se elevaba en lo oscuro del cielo nocturno. La luna miraba tu cara salvaje, desafiante, enmarcada en el azote del viento en tus cabellos, mientras tus pupilas pendían del reloj de tu mirada; dando trece campanadas se fundía el blanco de tus ojos en el negro de tus pestañas.

Una vez me dijiste que la vida era equiparable a un cigarro, que por eso medías el tiempo en caladas, que por eso fumabas, que no era suicidio sino homicidio involuntario: te autoinmolabas. Pero te comprendo, ya sabes que en el fondo tú y yo somos iguales.

Por eso no me sorprende que despreciases la colilla y la lanzases al abismo insalvable que el vértigo te presentaba. Cayendo al vacío, vacía y sin sentido.

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