A este circo de reales…

26 enero 09

Igual su amor también vale,
igual corresponde,
mas los ecos de las noches de diciembre
aún resuenan en mi almohada,
aún te buscan sin encontrarte mis palabras.

Se desglosan sin quererlo estrechas miradas
a las páginas de tu alma.

Eras saeta del alba, búsqueda del rocío en la mañana,
rojo fulgor en en los latidos de todo corazón,
lágrimas que empañaban mis sentidos.

Pero te siento ahora tan lejano,
insondable en el camino;
viento que arrastra lo estrellado,
huracán se torna hacia la más oscura noche;
vuelve en mi la luna solitaria,
descolgándose sus ojos y naciendo soledades.

Recuerdos caen ahora como losas en la tierra
sepultando cadáveres de escarcha,
y amarillean los versos del poeta,
pues ya no alcanzo a reescribirme y voy perdiendo,
poco a poco,
la inconsciencia.

Recaigo en lo gris de la rutina
observando a lo lejos castillos en el aire,
anclada en tierra de nadie;
promesas deslucidas en el km. 0

Y ahora dime,
mírame a los ojos y dime,
que la tormenta no se acerca,
que, parada en el bucle del silencio,
no será ella la que me abata.

Insoportable.

Busca en las aceras de tu vida,
renace de entre tus cenizas,
y dime si reconoces todavía una voz como la mía.

Entonces te diré…
que las notas del piano son tiritas en la cama,
que ya no hay cielo que no guarde tu cara.

Y en el suelo, desgastados,
verás pañuelos de amaneceres olvidados,
emborronada la tinta de mis versos
por la humedad del río aquel que guardo
en la carpeta de los sueños sin hacer.

Y cuando ya te duela el cuello de mirar a lo invisible…

Alza la vista y olvida.

A mí,
que sól soy una estrella apagada en tu retina,
a mí olvídame.

Olvida la nieve,
que ya poco de virgen tiene,
violada por tacones de aguja,
prostitutas inocentes se retuercen en mis dedos,
se retorcieron hace tiempo.
Olvídalas pues, a ellas y a la nieve.

Mientras olvides todo será mejor,
y te imaginaré cerrando los ojos.

Surcarás otros cielos,
te asomarás a otras torres,
te lanzarás desde otros precipicios,
le llorarás a otras lunas
y matarás miles de angustias.

Y aunque sientas que las tinieblas te engullen
serás más fuerte que nosotros los mortales,
volverás a abrir los ojos,
mirarás hacia delante.

Para entonces yo ya no estaré.

Los versos de aquel viejo habrán desgarrado mis ojos,
y el azul del mar se llevará en sus olas
el rumor de mis oídos,
tu voz llamándome en lo solitario de la noche.

Me enredé entre tus cuerdas vocales,
ahogué mi amor entre tus recovecos,
pero si me dices que estás bien…
no moriré, seguiré resistiendo.

Podría seguir escribiendo, pero siempre afirmaré que se me gastó la tinta.

 

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