CE-RE-BRO

6 enero 15

Relojes que pesan, minutos que pasan, constantes vitales te arrasan, y las muestras de sangre se espesan. Se condensan las gotas de plasma en el plástico de tus córneas y luego mastico un espasmo espontáneo. Las voces etéreas resuenan, ladridos alerta de orejas despiertas. Coso bajo, descoso el hilo del sueño, la parca en palabras y las obras paradas. Mírate los parpados por dentro ocho horas y luego mira el mundo de nuevo. Bebo, no puedo, me desespero y después recupero. CE-RE-BRO.

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Romper es rasgar, es cortar y fallar. También decidir y acertar. Roto puede estar el cristal del espejo en el que no te quieres mirar. “Rompido” dicen los niños, porque en su alma de niños “roto” quiere decir “corrompido”, no “descosido”. Porque sus ojos son de luna y la mirada del adulto es la del sol.

Luna se llama la danzante, la milcaras y farsante. Pero Luna es una niña de inocencia cristalina, que se rompe cada día un poco más. Luna se recompone mes a mes, acompaña a mi espíritu en las noches más oscuras. Luna me llama lunática y me comprende, me mira desde arriba y ve, por dentro y de verdad, mi mente.

Cabezazos son bandazos, es violencia desatada y profundos son los tajos. El cerebro desbocado guía al cuerpo sin reparo, rompe todo lo que se encuentra a su paso. Y la luna queda lejos, pero observa esos cerrojos que encadenan tus destrezas y liberan a tus miedos. La cabeza es dura, el cráneo fuerte, pero hay heridas que no curan, lo de menos es la muerte.

Romper la luna a cabezazos es una quimera. Es mejor no desearlo, pero cuando el momento llega te asustas y a la vez te envalentonas. Sabes que no puedes, y que no te lo mereces, pero tú no lo controlas: es tu cráneo, lleno de luces y de sombras, el que llora. Pero luego llegas tú trayendo el sol, llegan en tu sonrisa la vida y el color.

En conclusión: hay que romper cuando se debe, buscar la luna cuando duele y dar cabezazos a quien se los merece.

Mañana

22 marzo 14

Hacía mucho tiempo que no estaba completamente sola. Vuelvo aquí porque ya hace tiempo que pensaba en hacerlo, pero necesitaba un momento especial. Mi cabeza está patas arriba, y mis pies más en el suelo que nunca. El tiempo no pasa en balde, yo no podía ser una excepción. Vienen tantos recuerdos a mi mente cuando vuelvo a enlazar palabras y frases, la conjugación de los verbos que en ocasiones desearía alterar para reconciliar la realidad con la ilusión. Porque cuando digo “estoy bien” puedo querer decir “estaré bien”, o “lo estuve”, pero trato de avanzar. Intento consolidarme a mí misma poco a poco, y si alguien dijo alguna vez que vivir es fácil, vaya mentiroso de mierda. 

Vivir es lo más jodido que me ha podido pasar. Porque no tengo ni la más remota idea de qué significa esa palabra. Es como decir “cosa”, no solucionas nada. Mi existencia pasa por ser una de las cosas más aleatorias y desconcertantes del universo. Como colocar una semilla en la tierra y esperar. Quién sabe cuánta lluvia recibirá esa tierra, qué nutrientes la hacen fértil, dónde estará el sol cuando madure el fruto. Y qué herencia dejará ese pequeño prodigio de la naturaleza, cuántos pájaros se alimentarán de su ofrenda, qué plagas la asolarán, de quién serán los pies que la pisoteen, y de quién las manos que la admiren. Cuántas noches pasarán hasta que, por fin, se funda con la misma tierra que la acunó y descanse, al fin, en paz. ¿Cómo puedo saber esas cosas? ¿Cómo voy a darle un sentido teleológico a este sinsentido?

Lo que está más o menos claro es que no quiero seguir planteando eso, porque casi me vuelvo loca. Perder la razón de la existencia, agitar las manos en el aire y balbucear tonterías; imposible volver a pasar por ello. Entonces hay un camino hacia el fin, y sería una lástima que ese fin me pillase haciendo el gilipollas. Claro, entendido, pero ¿qué hago ahora? ¿Dónde estoy en esta historia? 

Lo que voy a hacer es seguir escribiendo. Mañana.

 

 

Tiempo atrás.

23 octubre 11

Érase una vez un vientre de mujer. Dentro, una pequeña célula se movía, sin llegar a ser aún lo que más tarde sería. Aquella célula no pensaba, no razonaba, no tenía consciencia de sí misma. No sabía si la mujer en cuyo interior viajaba de un lado a otro podría o querría encargarse de ella de por vida. Pero pasaron los días, fluyendo en aquella clepsidra que Madre Natura ha dispuesto para que el Sol y la Luna caminen siempre, persiguiéndose eternamente, buscando el beso amargo del eclipse. Y un día, aquella célula empezó a moverse por sí misma; nadie sabe cómo, pero flotaba la leve vida dentro del líquido ambarino. Latía imperceptiblemente, enganchada a un lazo con aquella mujer desconocida; un lazo que, sorprendentemente, entraba por el ombligo y que duraría mientras la Tierra girase sobre su órbita.

La pequeña vida empezaba a tomar forma humana, con brazos y piernas, pequeñitos como ella, y es ella porque la mujer desconocida ya sabía a qué mitad de la humanidad pertenecería el fruto de su vientre. Las venas azules retumbaban en el silencio de aquel plácido lugar, llevando aquí y allá el oxígeno que la niña respiraba aún sin haber visto jamás la luz del sol. Las manitas comenzaban a tomar fuerza, cerrándose en un puño que pugnaba por retarse a sí mismo, sin saber aún cuántas veces repetiría aquel gesto luchando por tantos como ella. Los pies, como pajarillos recién salidos del cascarón, buscaban las paredes de su nido, jugando con ellas a estirarse y sentir un mundo cada vez más amplio. A los oídos de la pequeña llegaban sonidos cada vez más perceptibles: notas musicales, maullidos, murmullos que parecían voces, una más grave y otra más aguda se escuchaban mucho, aunque la aguda estaba siempre ahí, como un soniquete tranquilizador que envolvía el manto oscuro de la placenta.

Un día, exactamente nueve meses después de haber sido concebida, la que fue célula y ahora era vida quiso salir y ver mundo. La mujer desconocida empezó a sentir cosas que nunca antes había sentido, y de repente, una cabeza asomó por lo que es la primera puerta de salida de la pequeña historia de cada animal. Parecía que la pequeña boca fuese a saludar a los presentes y a decirles sonriente: “Hola, ya he llegado, gracias por esperarme”. No lo hizo, pero fue como si lo hubiera hecho: el milagro de la vida había aparecido de nuevo ante los ojos de los mortales.

Defectuosa.

29 mayo 11

Van tan deprisa nuestras almas que se arrollan,
que se encuentran cuando nuestros cuerpos follan,
follan, follan, y follan…

(…)

Condenado a estar toda la vida
preparando alguna despedida.

(…)

Y ahora he vuelto a mis manías,
no quiero rehabilitarme.
Dijo que no me quería,
que estaba mejor antes.

Pregúntale del tiempo,
y a ver si se acuerda de mí.
Pregúntale si es cierto
que nadie la ve sonreír.

Pregúntale qué añora
y en qué piensa cuando llora.
Pregúntale si el tiempo
cambia o sigue lloviendo.

Ojalá que me la encuentre allá entre tantas flores.
Ojalá que se llame amapola, que me coja la mano
y me diga que sola no comprende la vida, no…
Y que me pida más, más, más, más, dame más…
Y que me pida…

(…)

Ojalá que me despierte y no busque razones.
Ojalá que empezara de cero,
y poderle decir que pasado la vida sin saber que la espero, no…
Sin que me pida más, más, más, más, dame más…
Sin que me pida…

Si te vas
me quedo en esta calle sin salida,
sin salida…

Que este bar
está cansado ya de despedidas,
de despedidas…

(…)

“¿Donde vamos
tan deprisa?”,
me pregunta
su sonrisa.

(…)

Déjate querer, dímelo otra vez
un día con una noche oscura,
y esperando por ver si saliera la luna…

(…)

Mírame, vuelve a sonreír,
que si no yo no comprendo nada…

Sangre negra de esta herida brota,
no dejo de pensar que te dejé marchar.

Nunca había estado un alma tan rota,
desde que tú no estás no quiere recordar.

Se pasó una vida entera
y yo sólo guardo el recuerdo
de unas pocas horas.

Era primavera,
el sol salió ese día
por ponerse a tu vera.

Y el olor de un día de enero,
estribadito en tu agujero,
sin ver mi cabeza.

Y un verano juntos de la mano,
y me he pasao la noche fuera.

Ya todo el año me hace daño
y me vuelvo a llevar
a patadas con la primavera.

Junto a las hojas que el otoño vino a derribar
me dejé llevar…
me dejé llevar.

(…)

Dices que te hago daño,
¿es que no entiendes
que te extraño a mi manera?
_________________________________________________________

Antes de dormir, al despertarme,
si me corro, si bebo,
si estás, si no estás,
si la música me dice,
y si truena,
al ver que te vas.

Pues eso.

Cuento las horas,
y los días.
Cuento las letras
que no llegan.

Descuento papelas
y filtro humo negro.
Cuento el dinero
que no tengo.

Cuento colillas
en el suelo.
Recuento palabras
que no vuelven.

Sin título.

22 abril 11

Quitarme ese dolor que me exaspera,
Hacer agradable el hastío de la espera.
Luchar contra el silencio, volverlo efímero,
Rabiar con cada duelo, venciéndolo primero.
No ser abatido por los designios del destino,
Siempre ser yo el que elija mi propio sino.
Hacer de la espera, mi triste compañera,
Será para mí, la peor de mis quimeras.
Mundo de demonios en el que me he sumergido,
Los hay aquí a miles, pero yo los he elegido.
Aguantar este todo, que es lo que me crispa,
Hasta dar con la llama que encienda la chispa.
Actuar por instinto, cegados de la vista,
Sintiendo bajo mis manos mi nueva conquista.
Sonreír de alegría si me vuelvo, y tú mientras marcho, me miras.

Por cortesía de Alejandra Isiegas,
a quien quiero felicitar por haberle echado ganas,
y ver que las cosas se pueden conseguir :)

Me has conocido…

19 abril 11

… en un momento extraño de mi vida.

A veces me pierdo. Y luego encuentro alguien que me ilumina un poco el camino.

Soy el poeta que tira
la piedra de sus palabras,
que escupe con su Verbo
a los cerdos con corbatas.

Puedo escribir los versos
más rojos esta noche,
ardiendo están libios fuegos,
enhiestos puños contra el fantoche.

Grita, bien alto, no les votes,
sal a la calle, a los balcones.
A los buitres, los halcones,
que nos tienen hasta los cojones,
que no los queremos demostrémosles.

Basta de clones insípidos,
marionetas miserables,
reconquistemos las calles,
¡los reptiles, al asilo!

Mi tinta y mi sangre es roja,
por eso me acongoja
esta democracia coja.
“Socialismo o barbarie”. Escoja.

Tú tienes el poder
está en tu mano el cambio,
los tiburones: al acuario,
y al pueblo los bancos devolver,
porque ¡ya basta joder!

Siempre con la misma historia,
oye mi soflama acusatoria,
que busca llevarles la contraria
a la chusma y a la escoria,
lamedores de pollas bancarias.

¡Que surja ya la voz contestataria!
Y la verdad, que siempre es revolucionaria,
que es el examen de la historia,
donde el ser humano se levanta
cuando ya más no aguanta,
cuando se yerguen las masas,
y dicen: construyamos el mundo
que ansían nuestras almas.

Por cortesía de Víctor Reloba.

http://letrasenlucha.blogspot.com/

The foggy dew

13 abril 11

Llevo varias horas escuchando esta canción, estremecida, con los ojos cerrados. Iba a escribir acerca de la música, y de la historia de Irlanda, pero creo que no es el lugar para hacerlo.

La canción es ‘The Foggy Dew”, versionada por The Chieftains y con la preciosa voz de Sinéad O’Connor.

Tiocfaidh ár lá!