Gr.
30 marzo 11
La ventana está abierta. Una luna gigante se ríe tintineando, como un cascabel de plata su luz difumina los contornos de la habitación. En tu cama, mi cuerpo. Las sábanas no alcanzan a cubrir del todo mi espalda, extiendo la mano y tu hueco está caliente. Te has levantado, no sé muy bien para qué, y ahora vienes a buscarme. Cierro los ojos y te acercas por detrás, sentándote en el borde de la cama, pero yo eso no puedo saberlo. Tus manos entran en contacto conmigo, de momento es lo único que sé. Me retiras el pelo de la nuca, y un escalofrío me recorre la espalda al tiempo que lo hace tu dedo. Topas con la sábana y me destapas, para después agarrarme por la cintura. El aire deja de rozar mi piel, para darte vía libre, y empiezas a besarme el cuello. Cada contacto de tus labios me va preparando para lo que viene después. Mis manos se aferran a la sábana, y pugno por estarme quieta. Ahora tu lengua juega a desquiciarme. Con un movimiento más estoy en jaque. Siento tu mano bajar por mi espalda, preparar el terreno, mientras tu boca se queda quieta a dos milímetros de mi oído. No sé si jadeas tú o soy yo, realmente me da igual, porque en cuanto tu mano llegue a su destino no me quedará otra que gemir mordiéndome el labio y pedirte ente susurros: ‘fóllame’.
Inhumana.
21 marzo 11
Ya no aguanto más. Ahora ya es luchar cada día con la vista puesta en el siguiente. Me gustaría deshacerme de esa humanidad que me lacera por dentro, que hace que cada gesto sea imposible de asumir. Cuesta sonreír, cuesta llorar, cuesta mantenerse en la cuerda floja. Querría poder obviar cada detalle, ser un ente sin sentimientos, con una misión asignada que debiese cumplir. Me es imposible existir de esta manera, veo demasiada mierda a mi alrededor. Vuelven malos tiempos, vuelve el acero en la piel, el alcohol en la garganta, el humo en los pulmones. Bilis, sangre, oscuridad. Necesito olvidar que tengo vida por delante, busco sobrevivir a cada madrugada y dejar de mirar relojes que no se detienen. El tiempo corre, y yo me he quedado parada.
Veo cómo una marea de sucesos me empuja, pero mis pies son de plomo y no quieren echar a andar. Tengo miedo. Mis ojos intentan cerrarse, pero no pueden. Mi mente no deja de hablarme, me reprocha mierda a gritos, y así es imposible dormir. Vomito sobre el papel, escupo mi alma y la pisoteo. Déjame a solas, quiero quedarme en medio de este páramo desierto. Quiero que el viento me atraviese, que el frío me desgarre los labios, que mis dedos se pierdan y no vuelvan más. Suenan tambores a lo lejos, mi corazón retumba a destiempo; nunca he sido lo que debía ser. La luna me mira y se ríe, mastica estrellas quemadas, y yo me muerdo la lengua hasta hacerme daño. Tiembla el suelo, millones de grietas surcan la tierra y yo soy el centro de esta hecatombe. Quiero acabar con esto, quiero descansar. Basta ya de noches en vela, de dolor al amanecer, de frío en las venas, de ojos mojados. Estoy mejor a solas.
Tu mundo se descoloca cuando incluyes a alguien en él. Voy a luchar por todos vosotros, simplemente para que viváis en paz y pueda por fin descansar. No quiero caridad, no quiero murmullos a mi espalda, no quiero miradas de lástima. Sé perfectamente quién soy, lo que odio es que vosotros no lo sepáis. Tú… Me dueles tan cerca de lo más profundo de mí misma que no quiero ni imaginar hasta qué punto me he dejado llevar. He de ser consciente en cada momento de lo que hago, y contigo en mi cabeza es imposible centrarme. Odio esta humanidad que me hace débil, odio esa capacidad de amar que me agarra y me tira al suelo cuando le apetece, odio necesitar esas migajas de cariño. Me doy asco a mí misma. Parece que bromeo cuando digo ciertas cosas… Pero no, soy una jodida manipuladora, y me da asco que no entiendan que mi puta mente funciona de una manera retorcida. Quiero, deseo, ansío reventar, estallar, detonar, explotar, volar por los aires. Existo, luego pienso. Y si pienso es peor para ti, así que de verdad, déjame a solas.
No quiero pensar en la cantidad de veces que mis ilusiones se han roto en pedazos, como si una maldita tijera se hubiese ensañado cercenándolas. El filo del acero hace más daño y besa más dulcemente que cualquier persona. Qué asco de mente. Lo sabes todo de mí: me has leído, me has escuchado, me has negado. Es sencillo… Y mientras veía pasar los días, no deja de ser otra puta mentira. Nada. Una manera bonita de engañarme. Y otra vez me esconderé bajo las mantas de cualquier cama. Intentaré evitar que me vean los ojos, que a lo mejor están inyectados en miedo y asco. Vagaré sin detenerme pero sin avanzar. Mutilaré mi cuerpo y mi alma, seré más animal que nunca. Volveré a sonreír, a llorar, a gritar. Y, en cuanto aparezcas, me tragaré todo lo escrito.
Me rindo, no puedo deshacerme de mi asquerosa humanidad. Estoy en el ojo del huracán, esperando a que la luz alumbre el maldito camino que me oculta tu sombra.
Torturada. II
11 marzo 11
Estoy agazapada contra la pared. Hace rato que he empezado a tiritar, y noto cómo se me van hinchando las manos por culpa de las bridas. La sangre seca me tira la piel de la cara, y el reseco de la boca es insoportable. Llevo aquí unas tres horas, y nadie ha venido todavía. No dejo de pensar, y pensar, y pensar. Es la primera vez que me cogen. Seguramente lleven tiempo siguiendo mis movimientos, me da miedo pensar que lo saben todo de mí. Pero ya sabíamos a lo que veníamos.
Desde que la gente explotó ha habido desapariciones, y nadie ha vuelto para contarnos qué ocurre. Llevamos seis meses de huelga en huelga, los golpistas no dan margen de maniobra. Las calles están militarizadas, más aún teniendo a las afueras la armería general. Es un infierno salir a la calle, sabiendo que a la vuelta de cada esquina eres un blanco fácil. Aún así cada célula del Partido está movilizada, y el trabajo se realiza clandestinamente. Todas las comunicaciones están controladas por el Estado Mayor, las redes de Internet no funcionan, el teléfono está pinchado, en la televisión y la radio se emiten únicamente mensajes de los golpistas amedrentando a la población. Las grandes fábricas reciben diariamente suministros vía militar, los piquetes son disueltos a tiros, la producción no debe detenerse ahora que el estado está en la cuerda floja. Han clausurado la universidad hasta nueva orden, y los colegios e institutos llevan el mismo camino; ya no se respetan ni los hospitales. El toque de queda está a la orden del día, lo mejor es recluirse en casa y no salir. Pronto llegarán las tropas de la OTAN, y con ellas la ‘libertad’, su jodida libertad.
La bombilla tintinea de vez en cuando, sobresaltándome. No puedo evitar pensar lo peor cuando veo la sangre en la silla; es como la marca de un disparo a quemarropa. Si eso es lo único que me espera, bienvenido sea. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… No sé si mido bien los segundos, no sé si ha pasado una hora más o si sólo han sido cinco minutos. Aquí dentro todo es frío y gris. De cuando en cuando se oyen gritos a lo lejos, gritos que desgarran mis tímpanos, que me hacen trizas la cabeza. Son mujeres, también son hombres. Son camaradas. Es inhumano. Y aquí se acercan pasos tras la puerta. Se descorre un cerrojo, espero a que llegue el segundo… La mujer de antes entra en la sala, portando un carrito metálico. La sigo con la mirada, pero ella no me hace ni caso. Está preparando una jeringuilla, cuyo contenido sospecho que en poco rato me dejará tirada por los suelos. Se me acerca al fin, y me mira a los ojos. Cuando se agacha para buscarme la vena en el brazo aprovecho y le lanzo un cabezazo. Le acierto de pleno, y cae hacia atrás soltando un gritito. Me levanto como puedo y echo a correr hacia la puerta, que ha dejado abierta, pero antes de llegar al pasillo un hombre me intercepta. La violencia del choque me noquea, y cuando me doy cuenta estoy atada a una silla.
La mujer me agarra el brazo con una mano que parece una pinza hidráulica, y me clava la aguja sin fijarse en si hay vena donde apunta. Siento como poco a poco voy quedándome como flotando, se me nubla la vista y se me va la cabeza hacia un lado. Alguien me engancha de los pelos y mantiene la cabeza en su sitio. Una luz intensa me hiere las pupilas mientras una mano va palpando cada herida. Me revuelvo en la silla cuando me abren las piernas, pero no ocurre nada. Me alivia comprobar que están desatando la mordaza, y noto que se me ha desencajado la mandíbula. Ni siquiera hago el esfuerzo de recomponerla, supongo que volverá sola a su sitio. Tengo sed. ¿Me escuchan? Creo que sólo hablo en mi mente, mi lengua no sigue el ritmo… Algo roza mis labios, parece una toalla o algo así. Está mojada, me refresca las heridas y los cortes, pero quiero beber agua. Otra vez la luz. Y de repente la aguja vuelve a clavarse, esta vez en el otro brazo. Ahora no entra mierda, sale mi sangre. Están hablando, el hombre y la mujer. Creo entender que me van a dejar allí de nuevo. No me dejéis así cabrones, tengo que estar alerta, ¿cómo coño voy a defenderme así? No podéis… No…
Torturada. I
10 marzo 11
Voy caminando por la calle. Es de noche, las farolas alumbran la acera pero cada esquina está sumida en la oscuridad. Sólo escucho mis pasos, retumbando en el desierto. Y cuando estoy a punto de entrar en casa cuatro hombres con pasamontañas salen del portal de al lado y me acorralan. Se miran entre ellos y asienten, apresándome entre dos. Yo no sé qué ocurre, aunque todo estaba dicho. Un coche se acerca lentamente sobre el asfalto y salen cuatro personas más. Armadas. Alcanzo a ver cómo recogen las llaves que se me habían caído al suelo antes de que me pongan una bolsa en la cabeza y me metan a empujones en el asiento trasero. Escucho la puerta de mi casa, los gritos dentro, y el motor arrancando. Yo me intento quitar la bolsa, entonces me maniatan, a base de ostias. Un golpe en la sien me hace perder el conocimiento.
Cuando me recobro, procuro no moverme. Los escucho hablar. Uno de ellos está diciendo que él va a ser el primero, que no me toquen la cara antes de entrar a comisaría. Se descojona diciendo que a su jefe le gustan jovencitas. Intento mascullar algo en respuesta, y noto una mano que me aferra por la cintura, una garra que rebusca en la camiseta y me arranca el sujetador. El tirón me hace gritar, y los cerdos aún se ríen más. Siento una fuerte respiración cerca de la oreja, y una voz que me insulta: ‘puta’, ‘roja de mierda’, ‘guarra’, ‘te mereces esto y más’, ‘te vamos a dar lo tuyo, comunista asquerosa’. Me pellizca el antebrazo, y lo retuerce hasta que grito de dolor. Más risas. Creo que me ha dado un bajón de tensión, porque lo siguiente que recuerdo es cómo me sacan a rastras del coche. Huele a garaje, a aceite y gasolina. Me cogen entre dos y me empujan hacia delante. Yo ando, intentando respirar a través de la mordaza. No me quitan la bolsa. Abren una puerta, pasamos y la cierran. No se oye mucha cosa, algún murmullo lejano. Hace frío. Paramos, alguien aparece, una mujer. Tendrá unos cincuenta años, quizá menos. Se ríen entre ellos y seguimos andando.
Al fin se abre una puerta, me lanzan dentro y me quitan la bolsa. Es un cuarto pequeño, sólo hormigón. Hay un par de sillas, y una bombilla. Los dos hombres que me agarraban casi me levantan en el aire. Entra la mujer con una caja en las manos y me dice que me desnude. Pienso que cómo me voy a desnudar si estoy atada. Pronto comprendo que sólo lo hace para reírse de mí, ya que los dos gorilas empiezan a arrancarme la ropa y a meter en la caja de la mujer todo lo que llevaba encima. Veo sangre en la camiseta, supongo que será de los golpes en la cara. Hace bastante frío, pero sé que no puedo quejarme. Me quedo en el suelo, tras arrastrarme hasta la pared. Me echan un último vistazo y se marchan, cerrando la puerta y echando al menos dos llaves, por lo que puedo oír.
Tengo las manos atadas a la espalda, así que intento pasarlas delante. Tras mucho insistir lo consigo, ya me están lacerando las bridas en las muñecas. Lo peor es la mordaza de la boca. Siento cómo se me agrietan los labios, el sabor de la sangre. Creo que puedo arrancármela, pero es inútil. Lo único que consigo es aflojarla lo justo para despejar un poco la nariz y poder respirar en condiciones. Me centro en los golpes: la cara, excepto la boca y la nariz, parece intacta; siento un dolor intenso en la sien, y también en el brazo. Llevo la espalda magullada de los empujones, y me tiemblan las piernas. Sé que a partir de ahora todo va a ir a peor. Intento no pensar en cuánta gente más habrán traído a estos cuartos, camaradas que estaban conmigo en la manifestación. Intento no pensar en mi casa, que seguramente hayan puesto patas arriba buscando mierda con la que incriminarme. Aunque no la hubiera daría igual, ellos se la inventarían y la harían aparecer como mía. Barro la estancia con la mirada. En una esquina hay manchas de algo que podría ser sangre. En el respaldo de una de las sillas también. No sé aún a qué recurrirán conmigo, pero les hará falta reventarme viva para sacarme algo. Voy a intentar descansar un poco, espero que no se funda la bombilla.
Me gusta…
9 marzo 11
Me gustan las pequeñas cosas. Y las grandes también. Me gusta andar por la calle cuando no hace ni frío ni calor. Me gusta el viento en el pelo. Me gusta cantar muy bajito en el autobús. Hasta que pienso que igual me piensan. Me gusta fluir, que mi mente llegue adonde quiera. A veces me gusta controlarme. A veces no. Me gusta estar desnuda. Me gusta mi manta. Me gusta fumar el último cigarro. Y beber la primera cerveza. Me gusta mirarme al espejo y poner caras raras. Me gusta no verte y saber que estás sonriendo. Me gusta leer hacia dentro pronunciando cada letra y parándome en las comas. Me gustan las comas, y los puntos aún más. Me gusta escribir mis anhelos y meterlos donde nadie los lea. Me gusta ser valiente. Me gusta esa sensación que tengo cuando digo muchas veces una palabra y al final no tiene sentido. De hecho, me gusta inventarme palabras. Y usar expresiones que nadie más usa. Y me gusta ver que la gente se ríe. Me gusta la música. La mía y la tuya. Me gusta detenerme a escuchar la letra, y buscarla para aprendérmela. Me gustan los directos. Me gusta ver fotos viejas, y me gusta enseñarlas. Me gusta perder el tiempo. Me gusta jugar, me gusta no tener que ganar. Me gusta respirar hondo e inundarme por dentro de felicidad. Me gusta cuando estoy bien. Me gusta cuando estoy mal. Me gusta aprender de mis errores. Me gusta tocar la guitarra, y mirar las estrellas tirada en la hierba. Me gusta el olor a ropa tendida, y a café por la mañana. Me gusta imaginar historias antes de dormir. Me gusta abrazar un cojín. Me gustan mis pecas. Me gustan mis ojos. Mi ombligo también. Me gusta llevar camisetas anchas sin sujetador. Me gusta comentar las películas, y los libros. Me gusta el chocolate, y el pan, también me gusta comer gominolas. Me gusta sentarme mirando hacia la puerta, y de espaldas a la gente. Me gusta sostener la mirada. Me gusta enredar con la lengua. Me gustan los niños pequeños. Me gusta apreciar bien una imagen. Me gustan las conversaciones que no quieres que se acaben. Me gusta escuchar, y que me escuchen. Me gusta compartir. Me gusta que me hablen con franqueza, pero con respeto. Me gusta caminar sola por la ciudad. Me gustan las crepes de nutella. Me gusta entrar a la Fnac a cotillear. Me gusta el olor de los libros viejos. Y el de los nuevos. Me gusta mi perfume. Y las mandarinas. Me gusta ponerme las cerezas en la oreja. Me gusta encontrar peluches viejos. Y abrazarlos de nuevo. Me gusta sonreír al recordar algo. Me gusta beber agua. Me gusta ser torpe. Me gusta el sol mientras me baño en el río. Me gustan los peces, los gatos, las serpientes. Me gusta jugar con los perros. Me gusta mirar las plantas, el árbol arriba, la flor abajo. Me gusta ver documentales sola. Me gusta la música en la calle. Los acordeones. Me gusta recordar olores y sensaciones. Me gusta dormir. Me gusta imaginar gente. Me gusta leerte. Me gusta aprender. Me gusta esa sensación en el estómago cuando apareces. Me gusta tu sonrisa, y tus manos temblando. Me gusta gritar en medio del campo. Me gusta no tener sentido. O sí. Me gusta ser puntual. Me gusta que me mires y no hagan falta palabras. Me gusta que me despiertes con besos en el cuello. Me gusta caminar intentando no hacer ruido. Me gusta soñar, y apuntarme lo que he soñado. Me gusta dibujar. Me gusta oír un buen solo de guitarra. Me gusta estar cómoda. Me gusta estar en la cama. Me gusta sentir que me cruje la espalda. Me gusta caminar dando saltitos. Me gusta volver a casa. Me gusta volver a irme. Me gusta escuchar música en el coche. Y cantar, cantar, cantar. Me gusta tender, y planchar. Me gusta intentar cocinar. Me gusta sentarme en el suelo de mi habitación. Me gusta releer poemas que me han gustado. Me gusta el limón, y también las piruletas. Me gusta catar el vino y notar el toque a madera al final. Me gusta leer manga. Me gusta la franela. Me gustan las tormentas, y la melancolía. Me gusta mi memoria. Me gusta despreocuparme. Me gusta secarme el pelo. Me gusta leer prospectos. Me gusta hundirme en la almohada. Me gusta darle pellizquitos al pan recién comprado. Me gusta el cigarrito de después. Me gusta improvisar. Me gusta morder y arañar. Me gusta que me hagas cosquillas. Me gusta poner cara de sorpresa, cara de loca, cara de zombie, cara de perrito triste, cara de enfadada. Me gusta la tercera cerveza de la tarde. Me gusta la adrenalina. Me gusta descubrir cosas que me gustan. Me gusta darme cuenta de que estoy pensando en ti. Me gusta ver pelis raras. Me gusta saltar en la cama. Me gusta comprender. Me gusta releer lo que escribo para ver cómo funciona mi cabeza. Me gusta ver que hay un hilo conductor. Me gustan las patatas fritas, me gusta hacer pancartas. Me gusta saber que siempre hay algo que me gusta. Me gustan muchas cosas, pero con todas estas ya me voy contenta a dormir.
Siempre.
8 marzo 11
El vacío es un grito. Aterrador. Quita el aliento y despedaza conciencias. Me gusta.
Ves la vida pasar frente a ti, parece que hubiera una fina cortina de mercurio que no permite que avances. Sin embargo, das un paso, alzas la mano y tanteas el camino que se abre ante ti. Los hilos de plata cubren tu pelo, es una sensación extraña pero purificadora. Y así andas, un poco a ciegas pero siempre hacia delante. Porque ya has visto lo que hay detrás, lo conoces bien y sabes que mientras exista ese espacio gris ante tus ojos deberás seguir avanzando.
Recordarás todas las veces que te has caído. Tanto daño al final cansa, apetece sentarse un ratito a tomar aliento. Encuentras un hueco donde meterte y vas pensando y pensando en cuanto te ha ocurrido. Casi dan ganas de quedarse ahí siempre, viendo la vida pasar. Pero entonces aparece alguien que te da un par de ostias y te recuerda quién eres. Planta cara, sé tú misma. Respétate.
Tienes miedo a veces de decir lo que piensas. Crees que eres rara, que van a mirarte mal por esas gilipolleces que se te pasan por la cabeza. No son cosas sin sentido, son tus cosas. No te desprecies, tienes que saber comprender el por qué de tus pensamientos. Una vez que sepas entenderte, aunque sea mínimamente, podrás actuar. Controlarás tu mente, y tu cuerpo, serás tú misma. Te autocontrolarás.
El camino será duro, y cada ostia te tirará al suelo con la fuerza de un huracán. Pero irás construyendo tu fortaleza bloque a bloque, quién sino tú guardará sus puertas, quién decidirá si algo afecta o no a tu mente. La lucha es el camino, el dolor te hace más fuerte. No perderás de vista quién eres, y serás libre.
Y así atravesarás espacios en blanco, en negro y en gris, sin desesperar, porque siempre hay algo por lo que luchar. Siempre.
I’ll know my name as it’s called again…
2 marzo 11
Sola e inútil. Seguramente con cara de gilipollas. Y con los ojos secos. Ah no, ya me extrañaba no llorar. Vuelta a empezar. Puto ciclo de la vida.
It’s empty in the valley of your heart
The sun, it rises slowly as you walk
Away from all the fears
And all the faults you’ve left behind
The harvest left no food for you to eat
You cannibal, you meat-eater, you see
But I have seen the same
I know the shame in your defeat
But I will hold on hope
And I won’t let you choke
On the noose around your neck
And I’ll find strength in pain
And I will change my ways
I’ll know my name as it’s called again
Cause I have other things to fill my time
You take what is yours and I’ll take mine
Now let me at the truth
Which will refresh my broken mind
So tie me to a post and block my ears
I can see widows and orphans through my tears
I know my call despite my faults
And despite my growing fears
But I will hold on hope
And I won’t let you choke
On the noose around your neck
And I’ll find strength in pain
And I will change my ways
I’ll know my name as it’s called again
So come out of your cave walking on your hands
And see the world hanging upside down
You can understand dependence
When you know the maker’s land
So make your siren’s call
And sing all you want
I will not hear what you have to say
Cause I need freedom now
And I need to know how
To live my life as it’s meant to be
And I will hold on hope
And I won’t let you choke
On the noose around your neck
And I’ll find strength in pain
And I will change my ways
I’ll know my name as it’s called again