Tiempo atrás.

23 octubre 11

Érase una vez un vientre de mujer. Dentro, una pequeña célula se movía, sin llegar a ser aún lo que más tarde sería. Aquella célula no pensaba, no razonaba, no tenía consciencia de sí misma. No sabía si la mujer en cuyo interior viajaba de un lado a otro podría o querría encargarse de ella de por vida. Pero pasaron los días, fluyendo en aquella clepsidra que Madre Natura ha dispuesto para que el Sol y la Luna caminen siempre, persiguiéndose eternamente, buscando el beso amargo del eclipse. Y un día, aquella célula empezó a moverse por sí misma; nadie sabe cómo, pero flotaba la leve vida dentro del líquido ambarino. Latía imperceptiblemente, enganchada a un lazo con aquella mujer desconocida; un lazo que, sorprendentemente, entraba por el ombligo y que duraría mientras la Tierra girase sobre su órbita.

La pequeña vida empezaba a tomar forma humana, con brazos y piernas, pequeñitos como ella, y es ella porque la mujer desconocida ya sabía a qué mitad de la humanidad pertenecería el fruto de su vientre. Las venas azules retumbaban en el silencio de aquel plácido lugar, llevando aquí y allá el oxígeno que la niña respiraba aún sin haber visto jamás la luz del sol. Las manitas comenzaban a tomar fuerza, cerrándose en un puño que pugnaba por retarse a sí mismo, sin saber aún cuántas veces repetiría aquel gesto luchando por tantos como ella. Los pies, como pajarillos recién salidos del cascarón, buscaban las paredes de su nido, jugando con ellas a estirarse y sentir un mundo cada vez más amplio. A los oídos de la pequeña llegaban sonidos cada vez más perceptibles: notas musicales, maullidos, murmullos que parecían voces, una más grave y otra más aguda se escuchaban mucho, aunque la aguda estaba siempre ahí, como un soniquete tranquilizador que envolvía el manto oscuro de la placenta.

Un día, exactamente nueve meses después de haber sido concebida, la que fue célula y ahora era vida quiso salir y ver mundo. La mujer desconocida empezó a sentir cosas que nunca antes había sentido, y de repente, una cabeza asomó por lo que es la primera puerta de salida de la pequeña historia de cada animal. Parecía que la pequeña boca fuese a saludar a los presentes y a decirles sonriente: “Hola, ya he llegado, gracias por esperarme”. No lo hizo, pero fue como si lo hubiera hecho: el milagro de la vida había aparecido de nuevo ante los ojos de los mortales.

Defectuosa.

29 mayo 11

Van tan deprisa nuestras almas que se arrollan,
que se encuentran cuando nuestros cuerpos follan,
follan, follan, y follan…

(…)

Condenado a estar toda la vida
preparando alguna despedida.

(…)

Y ahora he vuelto a mis manías,
no quiero rehabilitarme.
Dijo que no me quería,
que estaba mejor antes.

Pregúntale del tiempo,
y a ver si se acuerda de mí.
Pregúntale si es cierto
que nadie la ve sonreír.

Pregúntale qué añora
y en qué piensa cuando llora.
Pregúntale si el tiempo
cambia o sigue lloviendo.

Ojalá que me la encuentre allá entre tantas flores.
Ojalá que se llame amapola, que me coja la mano
y me diga que sola no comprende la vida, no…
Y que me pida más, más, más, más, dame más…
Y que me pida…

(…)

Ojalá que me despierte y no busque razones.
Ojalá que empezara de cero,
y poderle decir que pasado la vida sin saber que la espero, no…
Sin que me pida más, más, más, más, dame más…
Sin que me pida…

Si te vas
me quedo en esta calle sin salida,
sin salida…

Que este bar
está cansado ya de despedidas,
de despedidas…

(…)

“¿Donde vamos
tan deprisa?”,
me pregunta
su sonrisa.

(…)

Déjate querer, dímelo otra vez
un día con una noche oscura,
y esperando por ver si saliera la luna…

(…)

Mírame, vuelve a sonreír,
que si no yo no comprendo nada…

Sangre negra de esta herida brota,
no dejo de pensar que te dejé marchar.

Nunca había estado un alma tan rota,
desde que tú no estás no quiere recordar.

Se pasó una vida entera
y yo sólo guardo el recuerdo
de unas pocas horas.

Era primavera,
el sol salió ese día
por ponerse a tu vera.

Y el olor de un día de enero,
estribadito en tu agujero,
sin ver mi cabeza.

Y un verano juntos de la mano,
y me he pasao la noche fuera.

Ya todo el año me hace daño
y me vuelvo a llevar
a patadas con la primavera.

Junto a las hojas que el otoño vino a derribar
me dejé llevar…
me dejé llevar.

(…)

Dices que te hago daño,
¿es que no entiendes
que te extraño a mi manera?
_________________________________________________________

Antes de dormir, al despertarme,
si me corro, si bebo,
si estás, si no estás,
si la música me dice,
y si truena,
al ver que te vas.

Pues eso.

Cuento las horas,
y los días.
Cuento las letras
que no llegan.

Descuento papelas
y filtro humo negro.
Cuento el dinero
que no tengo.

Cuento colillas
en el suelo.
Recuento palabras
que no vuelven.

Sin título.

22 abril 11

Quitarme ese dolor que me exaspera,
Hacer agradable el hastío de la espera.
Luchar contra el silencio, volverlo efímero,
Rabiar con cada duelo, venciéndolo primero.
No ser abatido por los designios del destino,
Siempre ser yo el que elija mi propio sino.
Hacer de la espera, mi triste compañera,
Será para mí, la peor de mis quimeras.
Mundo de demonios en el que me he sumergido,
Los hay aquí a miles, pero yo los he elegido.
Aguantar este todo, que es lo que me crispa,
Hasta dar con la llama que encienda la chispa.
Actuar por instinto, cegados de la vista,
Sintiendo bajo mis manos mi nueva conquista.
Sonreír de alegría si me vuelvo, y tú mientras marcho, me miras.

Por cortesía de Alejandra Isiegas,
a quien quiero felicitar por haberle echado ganas,
y ver que las cosas se pueden conseguir :)

Me has conocido…

19 abril 11

… en un momento extraño de mi vida.

A veces me pierdo. Y luego encuentro alguien que me ilumina un poco el camino.

Soy el poeta que tira
la piedra de sus palabras,
que escupe con su Verbo
a los cerdos con corbatas.

Puedo escribir los versos
más rojos esta noche,
ardiendo están libios fuegos,
enhiestos puños contra el fantoche.

Grita, bien alto, no les votes,
sal a la calle, a los balcones.
A los buitres, los halcones,
que nos tienen hasta los cojones,
que no los queremos demostrémosles.

Basta de clones insípidos,
marionetas miserables,
reconquistemos las calles,
¡los reptiles, al asilo!

Mi tinta y mi sangre es roja,
por eso me acongoja
esta democracia coja.
“Socialismo o barbarie”. Escoja.

Tú tienes el poder
está en tu mano el cambio,
los tiburones: al acuario,
y al pueblo los bancos devolver,
porque ¡ya basta joder!

Siempre con la misma historia,
oye mi soflama acusatoria,
que busca llevarles la contraria
a la chusma y a la escoria,
lamedores de pollas bancarias.

¡Que surja ya la voz contestataria!
Y la verdad, que siempre es revolucionaria,
que es el examen de la historia,
donde el ser humano se levanta
cuando ya más no aguanta,
cuando se yerguen las masas,
y dicen: construyamos el mundo
que ansían nuestras almas.

Por cortesía de Víctor Reloba.

http://letrasenlucha.blogspot.com/

The foggy dew

13 abril 11

Llevo varias horas escuchando esta canción, estremecida, con los ojos cerrados. Iba a escribir acerca de la música, y de la historia de Irlanda, pero creo que no es el lugar para hacerlo.

La canción es ‘The Foggy Dew”, versionada por The Chieftains y con la preciosa voz de Sinéad O’Connor.

Tiocfaidh ár lá!

Natuesquizofrénico

11 abril 11

Cesa la tormenta,
cesa la tormenta.
Yo me pongo a fuego
y quemo tos los bosques
de mi sucio cuerpo.

Cesa la tormenta
y un relámpago cae
entre sus tetas.

Cuando me busques
me encontrarás
en la lluvia que cae
en el campo,
y oirás y cantarás.

Te escucharé.

Somos la lluvia
y el relámpago,
damos luz,
quitamos sed.

Damos calor
cuando entramos
en contacto.

Anda, vamos,
desnúdate en medio
de este otoño,
y habrás deseado
que te comamos el coño.

Somos la tierra:
ahora estás sentada
encima de ella.

Levanta tu cuerpo,
mira hacia arriba,
estamos deslizándonos
por tu cuento.

Ahora tambien es mío:
yo escribo las palabras
que siguen
cada milímetro de tu piel.

Reunión.

Somos el sol,
nos agrupamos
y recogemos,
y nuestra energía
te enviamos.

Ahora soy
cada poro de tu piel,
y nos abrimos
para dejar salir
nuestros desechos.

Somos la mierda
que nadie quiso,
que todos corrieron
para sacarla del guiso.

Empiezo a notar pronto
todos los hilos que tejen
tu cuerpo.

Soy tu ser,
nos hemos acostumbrado
a coger.

La fusión es realidad,
somos humanos al final,
y es que…
Nunca dejamos de serlo.

Hemos hecho un cimiento:
efecto- sentimiento.

 

Por cortesía, una vez más, del Poeta de Influjos.

el humo que expulsa este cigarro
me dá sucias idéas de como adentrarme
en tus terrenos corporales

el aire que respiro
me huele a tu piel

la llama de este mechero
me ofrece visiones
de como arde tu cuerpo, tu corazón
cuando peleamos, desenfrenadamente
encima de un colchón

ahora llueve y mi cara es un charco
conozco el corazón que hay entre tus piernas
da vida a tu voz y a tus sentidos
encerrado , por cuenta propia
entre dos cuerdas

me desato con la fuerza de los elementos
tú me agarras, yo te empujo
vibra para nuestros ojos
el paisaje alrededor

nos separaban kilómetros
¿ quién nos separa ahora?

tú, en una esquina de la cama
y yo, en la otra
mirando al techo
que ha tomado formas y sentidos

se me ocurren millones de ideas
y cientos de historias
es tan blanco su semblante
para tantos miles de matices
que tiene mi mente
pienso, ¿existe el mundo?
¿ en realidad camina la gente?

me levanto, estoy harto
me doy cuenta de la realidad
río y me pongo a cantar
es un techo blanco
la costumbre ríe con encanto

te miro a través del vidrio
me pegaron durante el parto
y desde entonces, no he dejado de llorar
debo ser rarito pienso y río
quien coño piensa en partos mirandote así
te miro nuevamente y no estás
és lunes, me vuelvo a masturbar
ahí está tu foto, la beso, te vuelvo a mirar

…y otra vez, sonrío…

Por cortesía del poeta de influjos.

Gr.

30 marzo 11

La ventana está abierta. Una luna gigante se ríe tintineando, como un cascabel de plata su luz difumina los contornos de la habitación. En tu cama, mi cuerpo. Las sábanas no alcanzan a cubrir del todo mi espalda, extiendo la mano y tu hueco está caliente. Te has levantado, no sé muy bien para qué, y ahora vienes a buscarme. Cierro los ojos y te acercas por detrás, sentándote en el borde de la cama, pero yo eso no puedo saberlo. Tus manos entran en contacto conmigo, de momento es lo único que sé. Me retiras el pelo de la nuca, y un escalofrío me recorre la espalda al tiempo que lo hace tu dedo. Topas con la sábana y me destapas, para después agarrarme por la cintura. El aire deja de rozar mi piel, para darte vía libre, y empiezas a besarme el cuello. Cada contacto de tus labios me va preparando para lo que viene después. Mis manos se aferran a la sábana, y pugno por estarme quieta. Ahora tu lengua juega a desquiciarme. Con un movimiento más estoy en jaque. Siento tu mano bajar por mi espalda, preparar el terreno, mientras tu boca se queda quieta a dos milímetros de mi oído. No sé si jadeas tú o soy yo, realmente me da igual, porque en cuanto tu mano llegue a su destino no me quedará otra que gemir mordiéndome el labio y pedirte ente susurros: ‘fóllame’.

 

 

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