El desamor de la libertad.

•2 Noviembre 09 • Dejar un comentario

Lejos de cualquier sospecha, la libertad se mece en la cuna del libertario y, al compás del reloj, descansa noche tras noche, a su lado, sin ser despertada.

Por la mañana, solo salir el sol, el libertario la acaricia levemente con sus dedos, intentando llamar su atención sin suerte. Incluso, cuando desayuna, le acerca un cachito de tostada y un vaso de leche, por si se despierta, pero erra en su intento y ella sigue ahí, en la cuna, dormida.

La libertad no es una recién nacida, durante años ha crecido en brazos de aquellos que verdaderamente hacían por sacarla adelante. Ahora, aguanta dormida porque es muy lista: sabe que si abriera los ojos, no encontraría motivo alguno para ser positiva en este mundo tan retrasado, tan ajeno a su existencia, tan imperfecto.

Mil galanes de todos los continentes del planeta se han acercado a su cuna para intentar despertarla. Llegó el hipócrita ilustrado, el cortés liberal, el fanático libertario, incluso el ortodoxo troskista, pero todos sus intentos fueron en vano. Al final, por despecho, el libertario se quedó, con ella, en su cuna; mas ella no despertaba.

- ¡Pobre huerfanita! ya no sabe ni a quién amar – repetía continuamente su padre capitalista. Y es que, como bien sabréis, la libertad quedó huérfana ya hace cincuenta años.

Su padre capitalista la quería casar con un buen pretendiente y por eso había mandado llamar al ilustrado, al liberal, al libertario y al troskista. – Ellos proseguirán mi reinado – comentaba entre risas.

Su madre, la humanidad, después de enrolarse en un convento, se dedicó a la mala vida. Se le ha visto vagando por las calles de la urbe sin rumbo, sin hogar.

La libertad mientras se pregunta: ¿algun día alguien me amará como soy de verdad y no me intentará cambiar para ser como él quiere que sea?

Un consejo a los desesperados: no esperéis encontrar su número de teléfono en las páginas de contactos.

http://puebloaragones.blogspot.com/

Nuebo bideo: Destruzión Mundial.

•20 Octubre 09 • Dejar un comentario

Este vídeo es una crítica al sistema capitalista hecha desde una perspectiva obrera, solidaria, internacionalista y revolucionaria. Queremos crear conciencia en todos aquellos que, pese a su sufrimiento a manos del capitalismo, siguen manteniéndolo, siendo así sus fieles vasallos.

¡ENTALTO LO PUEBLO!
¡ENTALTO A REBOLUZIÓN!

http://enclavenublada.wordpress.com/
http://puebloaragones.blogspot.com/

News.

•19 Septiembre 09 • Dejar un comentario

Los seres humanos vivimos con miedo. Afirmación correcta, pero demasiado genérica: hay que concretar. Puedo tener miedo a algo, y ese algo puede ser desde una araña a un payaso, pasando por el miedo a las alturas, a la oscuridad o a la pérdida de un ser querido. Sin embargo, todo aquello a lo que tememos tiene una característica en común: su sola evocación nos causa un dolor intenso e indescriptible, la angustia exacerbada que paraliza nuestra mente. Por tanto, corrijamos la afirmación inicial con sólo un apéndice que concrete la correlación: los seres humanos vivimos con miedo al dolor.

Tal vez sadomasoquismo, tal vez curiosidad. Lo que está claro es que este tema es una apasionante profundización en el subconsciente humano, y, precisamente por ello, el miedo al dolor (como consecuencia concreta del miedo general) ha sido utilizado en aras del poder y la dominación. No hay arma más eficaz que aquella que destruye desde el interior, que mina el subconsciente y hace aflorar los instintos más salvajes en pos de la supervivencia. Mezcla de sadomasoquismo y curiosidad, he aquí mi interés por el tema.

Tras la toma de conciencia y adquisición de una visión propia de la realidad, me he planteado muchas veces la siguiente pregunta: ¿ha llegado el momento de que seamos conscientes del miedo al dolor y podamos afrontarlo de manera racional? Para contestar a esta pregunta hay qué saber qué es el miedo al dolor, de dónde proviene, cómo nos comportamos ante él, quién lo alimenta y cuándo podemos llegar a plantearnos la verdad sobre el miedo.

Como antes he dicho, el miedo al dolor (Miedo: definido por la RAE como “1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. 2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.”; Dolor: definido por el María Moliner como “Sentimiento causado por un desengaño o un mal trato moral recibido(…)”) –tomadas ambas definiciones desde el punto de vista anímico-, sería la perturbación angustiosa del ánimo por el riesgo de sentir un desengaño o un mal trato moral, siendo estos contrarios a la voluntad de la persona. Como definición teórica vale, pero la adjetivación asignada al miedo y al dolor se entrelaza creando puentes entre ambas acepciones, lo que da lugar a un universo en que cada astro tendría asignada una palabra: horroroso, terrorífico, angustioso, asfixiante, opresivo, perturbador, torturador, sofocante, terrible, sobrecogedor, atroz, aterrador, duro, cruel, temible, desgarrador, amargo, lacerante. Es evidente que la enumeración anterior nos provoca una desazón significativa, que muestra el tamaño de la importancia del miedo al dolor en nuestra vida.

Sin embargo, hay que profundizar en el origen y el desarrollo del miedo al dolor para poder llegar a una conclusión, así que voy a plantear ciertas líneas de seguimiento enlazadas, para hacer más fácil la comprensión. En primer lugar, hay que saber de dónde sale este miedo cerval a pasarlo mal y cuál es nuestra reacción ante él. Esto nos llevará a comprender quién alimenta ese miedo, enfrascados una vez más en la locura del sistema actual. Por último hablaré de qué ocurre cuando nos vemos obligados a hacer frente a este miedo, y con ello conseguiré responder a la pregunta inicial.

El miedo en general, y por tanto el aterrador miedo al dolor, es inherente al ser humano, es decir, lo acompaña desde su nacimiento, es una característica propia e innata del hombre. Sin embargo, para llegar a ser miedo, este sentimiento ha de traspasar el umbral de lo irracional. Parece fácil afirmar esto, si sabemos que el miedo nos vuelve totalmente irracionales conforme a las reglas sociales. Pero podemos afirmarlo si estudiamos la evolución de manera correcta. Es común a todos los animales el instinto de supervivencia: es aquello que nos hace reaccionar en casos extremos frente al enemigo potencial. Este instinto es natural e irracional, propio tanto de perros y orcas como de seres humanos. No obstante, el instinto de supervivencia aplicado al ser humano ha llegado a ser algo superior, conservando su esencia pero siendo acompañado por los procesos que nos han convertido en lo que ahora somos: la hominización y la humanización. Gracias a la evolución, tanto biológica como sociocultural, el instinto de supervivencia, basado en la reacción espontánea frente a un esquema de peligro, se ha convertido en el miedo, una relación de esquemas presente en nuestra memoria y con un significado propio en cada individuo. De esta manera, el miedo es una constante, y no necesita de la representación física real del objeto de temor, sino que la mera evocación del objeto gracias a la capacidad memorística cerebral hace que activemos nuestros instintos primarios. Existe, por tanto una relación entre el instinto y el miedo, siendo el primero (en el caso humano) consecuencia del segundo. Y, como he señalado al comienzo, el miedo en general puede traducirse en el miedo al dolor de forma natural.

Tenemos ya el origen del miedo al dolor, pasemos ahora a analizar cómo reaccionamos ante él. Imaginemos que, de repente, nos quedamos encerrados en una habitación cuya única salida (una puerta de cristal) está cerrada. Instintivamente, nos ponemos nerviosos, puesto que, conociendo nuestra situación, a primera vista no encontramos solución al problema. Entonces reaccionamos de acuerdo al instinto de supervivencia, es decir, haciendo lo primero que se nos ocurre: lanzar sillas a las paredes o golpear la puerta. Conforme va avanzando el tiempo, entramos en un estado de ansia controlada, muchas veces provocada por el cansancio. Esto nos hace empezar a ser conscientes de nuestra realidad en ese momento, analizando lo que hay a nuestro alrededor y sopesando las opciones. Es aquí cuando determinamos lo mejor para salir de la habitación, y procedemos de manera racional. ¿Qué hacemos? Romper el cristal de la puerta y abrir por fuera.

Lo anterior es un mero ejemplo para formular una reacción genérica ante una situación que nos causa miedo. Ahora establezcámosla de manera científica. Cuando un sujeto se encuentra en una situación problemática y sin aparente solución, entra en estado de shock motivado por el pánico que le causa. Aquí entra en juego el instinto de supervivencia que, con un análisis superficial de la situación, intenta alcanzar la solución. Es casi seguro que no lo logra, de modo que, conforme se desarrollan los hechos, el sujeto entra en un estado de ansia controlada, inducida la mayoría de las veces por el cansancio físico y mental al que se ve sometido. Es en este momento en el que se activa el miedo racional, que, sin dejar de provocar pánico, le permite establecer relaciones esquemáticas con situaciones anteriores mediante la memoria; de esta manera el sujeto realiza un análisis profundo de la situación, conociendo lo que hay a su alrededor y sopesando las opciones disponibles. Por fin el sujeto determina la solución al problema y la lleva a cabo. Así es como reaccionamos ante el miedo, ante aquello que nos causa dolor.

Seguro que mientras leías lo anterior te has planteado tu propio miedo y le has aplicado la fórmula genérica. Y seguro que ha acertado. Eso es lo que tiene de aterrador el miedo: es igualitario, es la antesala de la muerte, que ha de llegar a todos. Sin embargo, lo también aterrador es lo vulnerables que nos volvemos frente al miedo: mientras los lobos o las arañas pueden usar sus armas naturales como reacción instintiva, nuestra única arma es el cerebro, y nuestra condición de seres racionales nos bloquea y paraliza momentáneamente, lo cual impide una reacción instintiva adecuada. Esto nos hace buscar una protección frente a lo que nos causa dolor, pues el miedo nos paraliza y preferimos, como es natural, vivir protegidos de él. El problema radica en que la sociedad actual ha pervertido esta búsqueda de protección; veamos por qué.

La humanidad en general está articulada por jerarquías. Jefes de tribus, líderes religiosos, presidentes, dictadores, patrones, reyes. Así es como se estructura la sociedad: dos clases, la dominadora y la dominada. Siempre ha sido así, no tiene por qué cambiar. Es más, no quieren que cambie. No les interesa. Es por ello que las clases dominadoras han de perpetuar su situación, y lo hacen de una manera muy curiosa: aterrorizando y protegiendo simultáneamente. Voy a exponer por partes la teoría, pues puede resultar complicado de asimilar si se hace de una sola vez. Primero expondré qué es, dentro de la razón humana, lo que nos causa dolor. Luego explicaré cómo hace la clase dominante para anular ese dolor.

La persona, tal y como la define Kant, está condicionada por su capacidad de ser libre, de poder elegir mediante su autonomía y su razón. Ser persona es, pues, ser libre. Dividimos al ser humano entre personas y no personas, los que son libres y los que no. Según mi punto de vista, ser libre es buscar la propia verdad, la realidad de cada uno, mediante el pensamiento, la conciencia, las emociones… la lucha moral individual en definitiva. “Sorprendentemente”, la visión subjetiva de la realidad no suele corresponder a aquella en la que te han hecho creer, por lo que terminas rebelándote contra los que te han vendido esa falsa verdad. Tomemos como ejemplo el mito de la caverna de Platón: los seres humanos confinados en la caverna no eran personas, pues no podían decidir libremente qué era lo que veían, lo que querían ver, y las conclusiones que de ello podían obtener. Sin embargo, aquel que salió de la caverna, que se liberó de las cadenas, que consiguió conocer otra verdad y pudo decidir libremente cuál era la verdad en la que deseaba creer, aquel sí que llegó a ser persona. Le causó dolor en un principio admitir la nueva realidad, pero sus ansias de ser persona superaron el miedo al dolor y consiguieron liberarlo de la falsa verdad impuesta. De esta manera estamos llegando a un concepto acuñado por Marx, el de la alienación. Tal y como le sucede al sujeto del mito de la caverna, los seres humanos, para ser personas, han de liberarse de la condición impuesta por la clase dominante, y han de hacerlo mediante aquello que produce dolor, por su consecuente desarraigo con las creencias tomadas siempre como verdaderas. Sin embargo, y aunque nos pese, esto que nos produce dolor es propio del ser humano como ser racional, y son las únicas herramientas naturales que poseemos para descubrir nuestra propia verdad y con ello llegar a ser personas libres, valga la redundancia. La alienación se basa en la aceptación de la condición impuesta, la falta de interés por llegar a ser personas. Pero, según creo, la capacidad de llegar a ser libres es inherente al ser humano, por lo que el que no lucha es porque no quiere.

Debemos hablar ahora de la otra parte en conflicto, la clase dominante. Es ella la que posee las herramientas artificiales para evitar el dolor y hacernos creer que somos libres, es ella la que nos aliena. Los seres humanos, como he dicho antes, buscamos protección frente al dolor, y es la clase dominante la que nos la ofrece al mismo tiempo que fortalece nuestro miedo al dolor. Veamos cómo lo consigue.

Pongamos como ejemplo un atentado “terrorista”. Euskadi Ta Askatasuna, sin ir más lejos. Esta organización nació con el objetivo de liberar al pueblo vasco en clase y nación. Para ello, se dotó de dos frentes de actuación: el político y el militar. Surgida durante un período en el que el estado español sufría el gobierno dictatorial de Franco hasta nuestros días. Desde que E.T.A. empezó a actuar, se ha visto criminalizada por el gobierno español, tanto el fascista antiguo como el pseudofascista actual. Se han utilizado los medios de comunicación para ello, dotando al gobierno de un método de difusión enorme, con el que alcanza a alienar, como he dicho antes, a la mayoría de la población. Gracias a ello, cuando la banda ha cometido un acto “terrorista” el gobierno ha condenado la acción frontalmente, sin tapujos. Ha ilegalizado su brazo político. Y, seguidamente, ha dado caza a numerosos etarras o ha descubierto zulos en diversos territorios. Con este acto de seguridad demuestra que puede proteger al pueblo, lo mantiene alejado de los males causados por E.T.A. Sin embargo, ¿de dónde surgen tantos etarras y zulos en tan poco tiempo? ¿Por qué, si parecía tan fácil apresarlos, no se ha hecho antes? He aquí una de las maneras de aterrorizar al pueblo: manteniéndolos a la incertidumbre mientras a ellos no les interese. Pura demagogia.

Así es como se logra mantener alienado al pueblo. Y llegando a este tipo de conclusiones es como un ser humano puede alcanzar la categoría de persona, o, lo que es lo mismo, la libertad. Hemos de afrontar lo que nos hace daño, enfrentarnos a él de manera directa, comprender que el miedo al dolor es algo necesario, es algo a superar. Sí, ha llegado el momento de liberarnos, de no permitir que nos usen, que nos aterroricen, que nos usen en pos de sus intereses. Y cuando todo el mundo haya llegado a la misma conclusión, podremos hablar de un mundo libre.

Vacaciones.

•11 Agosto 09 • 1 comentario

Pronto. Demasiado pronto todavía. Aquellos ojos de piedra, fijos en los tuyos, removían las oscuras e impenetrables sendas del miedo. Cada crujir de la ajada madera, cada rechinar de los hierros oxidados retumbaba como si fuese el aullido penitente de algún desgraciado ardiendo en el infierno. La vasta negrura que se alzaba sobre tus cabellos, sostenida por columnas de trazos imposibles, en nada tenía que ver con la apacible serenidad de la noche ahí fuera. En fin, una espera interminable, como un canto gregoriano de los de antaño, que pronto había de dar sus compases finales.

Pero obró el milagro. Un rayo de luz alcanzó las baldosas, abriendo un reguero de motitas de polvo en la asfixiante atmósfera que sabía a antiquísimos tiempos, que olía a la fe de cuanto peregrino hubiese quedado prendado de aquella maravilla de cristal, que recordaba noches y días de tramas imposibles y órdenes tajantes. Por fin, el primer rayo de luz que había de iluminar Septima Legionis hizo justicia con la íncreíble belleza de las vidrieras.

Mereció la pena esperar para ver aquel acontecimiento, te dijiste.

Sin embargo, conforme iba inundándose la catedral de luz, de color, de vida, también lo hacía de turistas y peregrinos, obsesos por conseguir una foto de aquella maravilla para enseñarsela a sus conocidos a la vuelta. Lástima que la mayoría de ellos no supiesen apreciar lo verdaderamente importante de aquella grácil odisea arquitectónica, a cuyos encantos quedaste rendidx nada más entrar por una de sus naves y encontrar aquel edén de la imaginación humana.

A modo experimental.

•21 Mayo 09 • 1 comentario

Activos, derivadas, armisticio, RGB, modales, subordinadas, adaptación, ¿CCMC?  Educación. Formamos a los jóvenes, les instruimos con lo que los viejos van dejando por el camino pero no les damos la opción de crear camino. Los hemos manipulado, están controlados, alienados: todos iguales, todos incultos. ¿De qué nos sirve un matemático que carezca de moral? ¿Para qué queremos filólogos que no piensen por sí mismos? Se renuevan los maestros en las escuelas, pero sólo en apariencia, la conciencia global está unificada. La historia no sirve para nada si nada de lo que sirve es historia. El Holocausto horroriza, la masacre palestina crea moda. ¿Hacia dónde vamos? ¿Dónde ha quedado la filosofía? ¿Relegada a x horas/curso? Platón, Descartes, Marx, abandonados a este sistema de incultura que hemos creado. Señores: ¿es esta la sociedad que realmente quieren? ¿No les repugna vivir en un mundo en el que una acción de Coca-Cola valga más que un pensamiento coherente? Sé que no, que les da igual, que no son capaces de pensar por ustedes mismos. La globalización y el mercado han llegado a todos los rincones de la existencia, su mente está infectada. El capitalismo ha cobrado vida propia.

Os trato de usted. Producto de las formas, de la apariencia políticamente correcta. En realidad sois basura. Basura insolidaria, ni siquiera podéis pensar en la basura que tenéis al lado. ¿Cómo queréis conseguir algo mejor con tanto egoísmo? Asco. Asco me da esta inconsciencia en la que estáis sumidos. Encauzados desde que nacéis, la mente manipulada, bombardeada con color, movimiento, sexo. Sois máquinas que no necesitan pilas, máquinas autorreproducibles. Sois jodidamente rentables, y lo mejor de todo, lo que han conseguido, es que vuestro cerebro esté infestado de virus alienantes, el capitalismo ha borrado todo indicio de iniciativa. Y cuando escribo (todo esto) os reís, no sabéis que os estáis autodestruyendo, y ahora ya sin ayuda, ¡gilipollas! Sois cerebros estándar. Podríais llamarme capitalista, porque sé perfectamente lo que necesitáis para vivir: os deslomaréis a trabajar, pero mientras vuestro sueldo os permita pagar los créditos del Mercedes y/o del apartamento en Peñíscola, dejaréis que os chupen la sangre; no llegaréis a fin de mes, pero sí a casa, y mientras podáis sentaros ante la TV y ver vuestro reality preferido, os olvidaréis de las penurias; os escandalizaréis si vuestro hijo suelta un taco, pero mientras os apruebe todas las asignaturas, le dejaréis salir cada sábado a beber como un cerdo, ponerse de coca hasta las cejas y follarse a cualquier guarra vestida de marca.

El capitalismo os ha inculcado la búsqueda del interés individual, el consumismo febril partiendo de los bienes del de al lado, la satisfacción de vuestras ansias de poseer. Eso ha hecho que no seáis capaces de admitir vuestra realidad, de concienciaros en clase. Y es esa alienación, ese individualismo hedonista que rezuma cual ponzoña por vuestras fauces, lo que se vuelve en contra del capitalismo en tiempos de crisis. Cuando más unidos se supone hemos de estar, cuando todos juntos se supone debemos sacar adelante a la sociedad, ¿cómo vamos a ser capaces de hacerlo si no somos sociedad, si somos una masa ingente de individuos clónicos? Jódete Capitalismo, eres una crisis continua.

Nos horrorizamos cuando un psicópata se lleva por delante a 20 personas con una escopeta y luego se suicida para no sufrir la justicia sistemática. ¿Y por qué no lo hacemos viendo la masacre capitalista? SIDA, malaria, pandemias, enfermedades con tratamiento y/o cura en manos de las multinacionales; crisis económica, subdesarrollo, desigualdades norte-sur, cuyo origen se encuentra en la globalización, el imperialismo y la explotación indiscriminada; guerras por dinero, alienación, incultura, esto es la epidemia de la desigualdad. Esto es el capitalismo homicida, que se carga todo lo que no está a su altura; esto es el capitalismo suicida, que se autodestruye inexorablemente, arrasándose a sí mismo y a toda la humanidad.

Mientras existan clases sociales existirá desigualdad; mientras el trabajo no esté valorado del mismo modo habrá desigualdad; mientras haya opresión y represión habrá desigualdad; mientras haya imperialismo habrá desigualdad.

Obreros, proletarios, explotados: abrid los ojos, tomad conciencia de clase. Alzad el puño, gritad contra vuestros opresores. Uníos, sólo así conseguiremos derrotar al capitalismo y formar una sociedad libre e igualitaria.

ENTALTO A LUITA OBRERA!

ENTALTO A REBOLUZIÓN!

A título póstumo.

•4 Abril 09 • 1 comentario

Rugoso. Polvoriento. Desamparado. Mis manos ya no sólo eran sentido, sino sentimiento. Notaba cómo alguna parte de mi ser se escapaba por los dedos, buscando libertad antes de ser corroída por la oscuridad. Pero seguía anclada al suelo, desvelada en el intento de restar angustia a ese momento. Por eso acariciaba las piedras, por el simple hecho de encontrar sustento en algo que ni siquiera podía ayudarme; tal era mi desconsuelo.

Sin embargo, en un alarde de valentía, abrí los ojos; quise perderme por última vez en aquel sendero nocturno que tantas otras madrugadas me había guiado hacia el destino correcto. Me sentía inútil utilizando mi cerebro para algo que ni siquiera necesitaba. Tenía –siempre había tenido- una memoria prodigiosa, hasta el punto de recordar cada minuto de mi historia desde que tuve consciencia.

Recordaba tardes en el río, buscando renacuajos en la badina que se formaba debajo del puente, cazando fugaces rayos de luz con un colador y metiéndolos en un tarro para llevárselos a mi abuela, mojados y atrapados, y así que ella los liberase de nuevo, los liberásemos juntas.

Recordaba también días enteros, entre el agobio de los exámenes, colgada de las vías del tren, con una cerveza en la mano, un amigo al lado, y una palabra en la boca que desencadenase un interminable debate acerca del sentido de la vida. Claro está que eso duraba hasta que el sol se escondía tras las montañas y empezaba a refrescar; era momento de volver a casa.

Más adelante veía noches de desenfreno, de música y alcohol, cuerdas vocales desgarradas en mi menor, miles de ojos, nublados de humo, entonando la misma canción. Los puños levantados repetían incansablemente el omnipotente lema que nos movía, “resistir ye benzer” gritaban, y afuera, en la calle, sólo el eco era testigo de nuestra furia.

Relacionaba esos momentos con miles de lenguas, con susurros al oído y manos perdidas en lo más profundo de mi soledad. Podía incluso revivir el momento, notar cómo el aire inundaba mis pulmones, una y otra vez, se aceleraba mi pulso, el del mundo, me elevaba al tiempo que me rompía por dentro. Después aullaba la luna y las estrellas se escondían debajo del edredón.

Recordaba los domingos, solitarios y vacíos, saboreando la resaca, tirada en la cama viendo por enésima vez cualquier película de Kubrick o escribiendo al son de los acordes de aquel músico irlandés que descubrí en una calle de Dublín. No podía escribir sin música, necesitaba una melodía para que fluyesen las palabras, y me perdía en mis adentros cuando piano y violín desglosaban la naturaleza inhóspita de mis pensamientos.

Incluso quedaba en mi memoria aquel poema que alguien me hizo llegar, acompañado por una insignia y una rosa roja, con espinas:

Reescribía su vida en la basura,

y se ahogaba, lentamente, en mis pupilas.

Un día decidió que ya era suficiente,

que la muerte no sería su estandarte,

que sus gritos no serían sino de victoria.

Aunque te acusaron de demente

(les hería la llama de tus ojos al mirarte),

estabas decidida a cambiar la historia.

Recuperaste la voz en un suspiro,

y las horas se aferraron al destino.

Jamás podría olvidar el instante en que todas las bocas se alzaron a la vez para derrotar al enemigo. Llevaba tanto tiempo esperando ese momento, tantos intentos de abrir las conciencias, tantas esperanzas depositadas en un ideal, que cuando el sueño se hizo realidad no pude sino respirar y contemplar aquello que nunca me habría visto en aras de presenciar.

Recordaba todo eso y más, pero no era capaz de retornar al momento exacto en el que empecé a recordar, en el que empecé a ser.

Ahora estaba llorándole al cielo. La mirada, ojos quietos, vidriosa supongo, se había fijado en un punto. Bajo la nitidez de la bóveda nocturna, formando constelaciones de recuerdos, mi vida entera se plasmaba en apenas un leve segundo, mis venas se llenaban lenta y dolorosamente de melancolía; melancolía que invadía de nuevo mis ojos, y se desbordaba buscando el precipicio de mis labios, agrietados por el frío cortante que empezaba a congelar hasta la última gota de sangre.

La melancolía sabía a sal, había sido necesario morir para descubrirlo.

Entre todo ese amasijo de sentimientos, mi mente bullía por descubrir quién era, cuándo había empezado a ser lo que ahora estaba muriendo, y me maldije a mí misma por haber dejado siempre las cosas para el último momento. Siempre la misma canción, el mismo argumento y, al final, siempre puntos suspensivos. Sin embargo…

Sin embargo ahí estaba, tirada en el suelo, víctima del salvajismo humano, derrotada por una bala, herida de muerte por una guerra que se veía venir. Pero era mi deber, me había jurado a mí misma dar la vida por la causa, y, aunque intentaron (con)vencerme con falsas palabras e hipocresía barata, las promesas son inquebrantables. Pero al fin y al cabo una vida es una vida, no cambiaría el curso de la guerra, simplemente crearía un icono para aquellos que creyeron en mi misma causa. Todos somos humanos, y todos hemos de acabar nuestra desaventurada andanza por el mundo.

Nunca me había planteado cómo sería la sensación de morir, y, realmente, me sorprendió. Sí, el dolor físico, en otras condiciones, me habría resultado insoportable, pero el hecho de tener asegurada la muerte me hacía estar pendiente de todas las sensaciones, al menos por última vez.

Sentía que el inmenso agujero que había perforado mis entrañas ardía en llamas, me condenaba a un infierno real que desguazaba la cuenta atrás de mi existencia; el plomo abrazaba el corazón y era la imagen más aterradora del amor que jamás se había presenciado ante mis ojos, invadía cada latido haciéndolo sufrir, desafiando el tic tac de aquella bomba de relojería que hacía que siguiese viva; mis pulmones luchaban a duras penas por y contra aquel aire que al mismo tiempo los ahogaba y me daba fuerza para seguir consciente; cada movimiento resultaba prácticamente imposible, me deshacía de dolor el simple hecho de mover un dedo.

Eso era la muerte, sobrevivir un poco más.

Y ahí seguía, alejada ya de cualquier intento de burlar el final, consciente de mi propia desgracia y sumida en la última lucha: descubrir quién fui. La tarea no era fácil, pues por mucho que buscase en mi memoria siempre llegaba a la misma imagen: yo sentada en el suelo, mirando mi mano, asombrada de lo que había encontrado en mi cuerpo.

Empecé a sacar la conclusión de que mi memoria se remontaba al momento en que tomé consciencia de mi condición de ser humano. Fueron a juntarse el raciocinio y el recuerdo en el instante en que alejé de mí la primera forma de vida, el primer instinto animal que impulsa a las crías a ocuparse de sobrevivir en un mundo que aún les es ajeno.

Cuando comprendí eso concluí que la memoria, al ser algo propiamente humano, empieza a tomar forma en cuanto se toma consciencia de uno mismo.

Había perdido demasiado tiempo y esfuerzo sacando esa conclusión, aunque me ayudó a saber quién era realmente. Sin embargo, era ya demasiado tarde. Notaba cómo el aire se perdía entre el ambiente y mis pulmones, odiaba el oxígeno por desaparecer cuando más lo necesitaba; sentía cómo la sangre desgranaba en mis oídos, y odiaba mis venas por no resistir el embate del reloj; me ardía el enorme agujero que la bala había provocado en mis entrañas, y odiaba al hombre por haber creado las armas.

Recordé por última vez toda mi vida, mas cuán difícil es priorizar la existencia en cortes de tres segundos.

De repente las estrellas desaparecieron, y con ellas mi memoria; también me abandonó el dolor, y con él mi historia; se fue la melancolía, y la vida me supo a vacío; me perdí yo misma, y un último punto de lucidez permitió a mis ojos cerrarse en paz.

Sexto experimento, recomendado por J.

•19 Marzo 09 • Dejar un comentario

Sexto experimento. Harto de correr me detengo, como al leer, mi vista discurre por delante de mi entendimiento y no logro la concentración. Gráciles sonidos armónicos se vislumbran tras la pared de cemento pero, por suerte, ahora no puedo detenerme a contemplarlos musicalmente, estoy en otra cosa. En otro lado, disputas inconclusas e inconcluyentes buscan involucrarme en algo ajeno a mi persona, no estoy dispuesto a ceder a sus chantajes. Seguramente hará acto de presencia en breves, reclamando algo que en realidad es suyo pero que no quiero cederle: tal como la estancia en este, su cuarto. Tras alquilarle temporalmente el mío como lugar de expansión mental, torno al pie del cañón, a primera línea de frente, a la pantalla del ordenador.

Hoy el medio de escritura ha variado notablemente, las nuevas tecnologías han aparecido de forma inversa a lo que han venido apareciendo últimamente en lo que a mi forma de escribir se refiere. Licito mis sueños y mis anhelos; no cedo a la SGAE mis pensamientos aunque sean de mi propiedad porque no tengo miedo de perderlos: son míos y solo míos. Las personas somos individualmente originales, solo nos aborregamos cuando nos socializamos, pero teniendo en cuenta de que somos sociales por naturaleza y vivimos en sociedad, estamos todos aborregados de una manera u otra. Gracias a Satán, mi “aborregamiento” no es intensivo y mi tratamiento se celebra en libertad, no en una granja como les ocurre a la gran mayoría de los burros. Ni me creo un dios ni un ser superior, me creo yo mismo y lo soy, sino aquí me tienes, pregúntame, desconfiado. Te puedo asegurar que la gran mayoría de la gente no es sí misma. A riesgo de equivocarme como siempre porque, ¿existe lo absoluto? Solo en las matemáticas y no son mi fuerte, así que las desecharemos como objeto metafísico porque metafísico es mi argumento y moral mi trasfondo, así como política mi decadencia.

No trates de aislarte, no seas ignorante, aquí está todo pensado. Un antisocial es social por el propio hecho de ser antisocial, un apolítico es político porque sino no sería apolítico… es la pescadilla que se muerde la cola, no trates de escapar porque tarde o temprano te pillarán y será cuando deberás empezar a temer por tu vida; no tienen piedad y menos contigo, su potencial enemigo. Tu vida no vale nada, se llama codicia.

¿Pero realmente la vida de alguien vale algo? “Consumo, luego existo” es la máxima. Pero para consumir debe haber algo que puedas tragarte, debe haber producción y debe haber un productor. Ese también serás tú y trabajarás sin rechistar para luego consumir, seguramente los mismos productos que has producido: el capitalismo es así de incoherente; antítesis decía Marx. Para asegurarse tu producción y tu consumo deben hacer callar a todo aquel rebelde que se les enfrente, de ahí surgen los cuerpos de policía, cuerpos… porque mente y corazón no tienen. Si en el absolutismo era “Todo para el pueblo pero sin el pueblo” ahora es “Todo por el pueblo para el sistema” sin peros ni nada, son así de fanfarrones.

Si tienes miedo a caminar solo por la noche, levanta la vista, no al cielo, dios no existe, solo a aquella altura y mira esa cámara, ellos sí que existen y ellos se creen dioses, pero tú y yo sabemos que ante la muerte somos todos iguales, una bala dirigida magistralmente hacia la cabeza no se detiene por el hecho de ser rico o pobre, causa el mismo efecto: tu muerte o la mía, ¿quién apretará antes el gatillo? Diez pasos hacia delante y solo entonces podrás darte la vuelta y disparar a bocajarro, ¿diez?¿por qué diez? Yo disparo en el tercero: mis balas son frases, mis párrafos son kilogramos de dinamita, un texto mío es un arma de destrucción misiva y sí, he dicho misiva, no me he equivocado.

¿Me temes? Más te valdría temerte a ti mismo. Yo digo las cosas tal cuales son, no me arrugo, al menos de joven, y no tengo pelos en la lengua porque ya está caliente. Yo te comento lo que me comento a mí mismo a través de mis pensamientos, si difieres interfieres: sobras. No cacarees porque no eres una gallina, eres un cerdo. A la madrugada no me despiertas porque no tienes el valor suficiente como para hacerlo, sí lo hace mi despertador, adherido en comandita a mi móvil, media hora más tarde. Cuando me levanto lo primero que hago es pensar que tengo que pensar que mentalmente pienso que voy a hacer algo pensando, luego existiendo tengo que existir que existencialmente existe algo porque realmente existo ¿te has trabado? Ya somos dos, pero no por ello carece de sentido, reléelo si te apetece y hazlo al revés, pararás en cuenta de que todo es tan relativo que solo sé que no sé nada, en serio. ¿No te crees digno de mi inteligencia? Yo no me creo digno de nadie, simplemente porque estoy indignado con mi sol y con mi edad, luego mi soledad me hace preso de mi existencia, tan vulgar como un simple caracol porque ¿qué es mi existencia? Yo soy lo que me han hecho ser, todos los seres humanos somos productos de la cultura que hemos recibido durante nuestra corta existencia: desde nuestra forma de vestir hasta nuestros más sinceros ideales.

Pero por encima de todo y todos está nuestra moral, la moral es nuestra cima, nuestra filosofía de vida, la que marca todos nuestros experimentos vitales. Chocar con nuestra moral es chocar con un muro hecho de diamante: impenetrable cual puritana endemoniada. Si te odio es porque han hecho que te odie, si te mato es porque han hecho que te mate…curiosa excusa tendrían los asesinos, ¿a caso no disponemos de libre albedrío? Madurar no es volverse anciano, es volverse sabio, quien tenga miedo de madurar mejor que se acompleje cual manzana y se caiga del árbol en el momento oportuno cuando Newton se disponga a emprender el paso que lo conduzca a nueva teoría física: la teoría de la estupidez. Y es que es tu pie, dad lo que os sobre porque eso os salva de nuestra ira. Todos sabemos que no eres consciente de tí mismo, que estás engañado: robot, eres un robot, bot, bot, ¡no les votes: bota!

Un ejército es un sistema operativo informático perenne, actualmente de pago pero con posibilidad de software libre. Los virus se alinean en formaciones sexualmente atrayentes y los alzamientos de bandera derivan en orgías interminables donde la Madre Patria toma el papel protagonista cual prostituta barata que vestida de un color llamativo logra causar furor entre hombres inhibidos y desorientados sexualmente. Las letrinas de la Edad Media son limpias comparadas con su marca “hispanística”: desconozco la existencia de algo llamado España y no por ello me encuentro falto de materialismo. Idealista es tu concepción de la propia idea, e idea es propiamente lo que tú idealizas, ¿entendido? Yo con tus trapos me limpio los mocos y con tus mocos pinto mi existencia: tantos tontos hacen tanto por tanta tontada. Pero este no es el tema porque no hay tema, así que veamos, volvamos al cuerpo del delito sexual, de la violación consentida, del desfase hormonal: la Madre Patria, o mejor dicho: la tuya, tu puta madre patria.

¿Amas a españa? Chico, cómprate antes una muñeca hinchable o un consolador para tus ratos de ausencia mental absoluta, pero no cometas semejante crimen. Estoy seguro de que los colores de la bandera española te excitan, te ponen cachondo, que las formaciones militares te alteran la sangre, lo que provoca tu alzamiento repentino, y también estoy seguro que esa zarpa que levantas equivale a tu miembro viril, porque tu Madre Patria es eso: sexo puro y duro.

Mezclar presuntos idealistas con aclaradas dosis de materialismo puede llegar a confundir pero me aseguro de que no sea así. De otra cosa que estoy seguro es que llevo escribiendo este sexto experimento ya bastante tiempo y este no corre sino vuela. El afortunado que intentó mediar para que nuestras formas a priori tuvieran medida es inútil frente a mi posibilidad imaginativa extrema, ni el espacio se mantiene constante: mi mente pulula por toda la esfera terrestre y por fuera de ella sin que nadie sea capaz de detenerla.

Vuestras cámaras percibirán mi sombra, vuestras porras rozarán mi cuerpo, vuestros interrogatorios pondrán en jaque mi mente, más no “hackearán” mi ideología. Vuestras leyes coartarán mi rabia, vuestras miradas desafiarán mi sustancia, vuestras órdenes susurrarán a mis oídos, vuestros despidos anularán mis pasos, vuestra chulería plasmará mi insistencia: ni me queréis ni os quiero, bienvenidos a la guerra de los mundos. Aquí no hay planetas, aquí hay clases sociales. Aquí no hay naves, hay políticas. Solo el más listo es quien vence al final.

A lo largo de este experimento se ha hecho de noche, agradecido estoy de ello, pongo en duda que dentro unos años se haga de noche alguna vez o que podamos dormir cuando la oscuridad caiga sobre nuestras cabezas. Por la noche es cuando los lobos salen a aullar a las grandes ciudades, cuando los llantos de los hijos hambrientos de dignidad alcanzan su máximo esplendor. Las fábricas se llenan y los puntos de trabajo se alteran. El patrono descansa, pero no bajo tierra, sino en su chalet. Quien siembra vientos, recoge tempestades… la tormenta se acerca y tiene expectativas de ser semejante al gran diluvio bíblico. Ahora Moisés no usará túnica sino uniforme de generalísimo. Hermanos contra hermanos ¿de qué?… sangre por sangre: guerra. Una vez más, la estupidez y la ignorancia se medirán con la precisión política pero a esta precisión le falla la puntería: peligro.

Dale ritmo.

•11 Marzo 09 • Dejar un comentario

“Mi aspiración última es ser luz e iluminar todos los rincones del universo, pero mientras existan montañas de acero, seré sonrisa que arda como el fuego, mientras haya restos de dolor seré mirada, cortante como el hielo, mientras las cadenas azoten los cerebros seré palabra arrastrada por el viento.”

Con cariño desde los Alpes.

•10 Marzo 09 • Dejar un comentario

5 minutos 27 segundos repetidos insaciablemente, un bucle mental.

Y mientras tanto te vas colando entre los acordes, apareces de nuevo quebrando la fragilidad de mi voz, reduces el dolor a un mero hecho inevitable. Lo has conseguido, estás dentro de mi cabeza.

Donde duele inspira, te lo he dicho alguna vez. Me has robado la inspiración. ¿Contento?

Dame de fumar nena…

•9 Marzo 09 • Dejar un comentario

De nuevo soledad te acompañaba en la otra cama de la habitación 202. La luz apagada, desamparada la niña en tu interior.

Niña perversa que prendía la llama, encendía un cigarro y posaba los labios; asomada peligrosamente a la ventana, por el mero placer de congelar el oxígeno; restallaba el humo en cada calada, y se elevaba en lo oscuro del cielo nocturno. La luna miraba tu cara salvaje, desafiante, enmarcada en el azote del viento en tus cabellos, mientras tus pupilas pendían del reloj de tu mirada; dando trece campanadas se fundía el blanco de tus ojos en el negro de tus pestañas.

Una vez me dijiste que la vida era equiparable a un cigarro, que por eso medías el tiempo en caladas, que por eso fumabas, que no era suicidio sino homicidio involuntario: te autoinmolabas. Pero te comprendo, ya sabes que en el fondo tú y yo somos iguales.

Por eso no me sorprende que despreciases la colilla y la lanzases al abismo insalvable que el vértigo te presentaba. Cayendo al vacío, vacía y sin sentido.